Físico e Ingeniero Aeroespacial en NASA • Johnson Space Center
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La emergencia que resolvió Neil Armstrong cuando voló el primer atraque en el espacio

El 16 de este mes se ha cumplido el 50 aniversario del primer atraque entre dos naves en el espacio. Se dio entre la Gemini 8, tripulada por Neil Armstrong y David Scott, y la etapa de un cohete Agena que había sido lanzada al espacio para hacer las veces de objetivo para la prueba. La Gemini 8 consiguió atracar con el Agena, pero lo que sucedió después puso a la tripulación en una situación de enorme riesgo para sus vidas.

Demostrar las técnicas y los procedimientos para encontrarse con otra nave en el espacio y unirse a ella eran objetivos de principal prioridad de cara a poder volar las futuras misiones lunares. Aquellas capacidades aún no habían sido demostradas en el lado soviético y constituían también una prioridad profesional para Armstrong como astronauta. La Gemini 6 ya había demostrado el encuentro activo con otra nave (la Gemini 7) en el espacio -algo que en el ámbito espacial denominamos por su nombre en francés: rendezvous-, con lo que en la Gemini 8, Armstrong iba a llevar a cabo el segundo rendezvous con otra nave y cubrir la última fase de aproximación hasta consumar el primer atraque, un desafío de pilotaje experimental cuya consecución era esencial en el programa.

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Agena vista desde la Gemini 8. Fuente: NASA.

El rendezvous con el Agena consistió en 9 maniobras sucesivas de cambio orbital a lo largo de 6 horas que debían ejecutarse en diversos puntos con enorme precisión ya que un desvío mínimo en un instante se transforma en un enorme error más adelante. Una vez cerca del objetivo, Armstrong realizó varios ejercicios de vuelo en formación con el Agena hasta el momento preciso en el que estaba previsto el atraque.

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El morro de la Gemini 8 se aproxima al sistema de atraque del Agena (al fondo). Fuente: NASA.

La unión de las dos naves se produjo sin consecuencias. Ambos vehículos se mantuvieron estables y no se dio ningún tipo de oscilación digno de reseñar. El primer atraque entre dos naves en el espacio se había conseguido por primera vez en la historia. Sin embargo, al cabo de media hora estando unidos sin incidencias, el conjunto Gemini-Agena empezó a desviarse de su orientación esperada de forma imprevista. Armstrong pudo controlar aquella deriva, pero una vez que desasía la palanca de mando, las dos naves unidas volvían a cabecear y a guiñar cada vez a mayor velocidad hasta un punto que hacía difícil su control sin consumir grandes cantidades de combustible.

Armstrong y Scott probaron diversas opciones para tratar de aislar el fallo que propiciaba la pérdida de estabilidad, pero no podían identificarlo. Tanto si el fallo estaba en el sistema de control del Agena o lo tenían ellos en su nave, desatracar ambos vehículos era inevitable, una acción que cada vez cobraba más sentido dada la gran cantidad de combustible que se estaba consumiendo y dado el contenido del último mensaje que habían recibido desde la estación de Tananarive, la última que habían sobrevolado.

El incidente se había iniciado una vez el conjunto en órbita estuvo fuera de contacto por radio por encima de las aguas del océano Índico, con lo que no podían contar con la asistencia del control de la misión, que lo último que había visto era cómo un Gemini-Agena saludable se mantenía unido después de un atraque exitoso. Sin embargo, en la última comunicación por radio, desde tierra habían advertido algunas dificultades en el Agena para almacenar el programa de control de orientación que le habían transmitido con anterioridad, además de detectar que uno de sus sensores de navegación no funcionaba. Aquello motivó que la tripulación fuera puesta sobre aviso para apagar el sistema de control de orientación del Agena y retomar el control de su Gemini si se encontraban con problemas mientras estaban atracados. Esta comunicación, junto con el historial de problemas que registró el Agena en su desarrollo predispuso a la tripulación a pensar que el problema que estaban experimentando estaría originado por el Agena con mucha mayor probabilidad que por su cápsula.

Habían entrenado el rendezvous y el atraque hasta en sesenta ocasiones en sesiones de simulador en tierra en las que dos terceras partes de las veces se habían arrojado a propósito diversos fallos de distintos sistemas y otras emergencias que debieron superar con éxito antes de ser decretados aptos para volar la compleja misión a la que ahora hacían frente, pero en ninguna de aquellas ocasiones estuvieron expuestos al problema que había aparecido en la realidad de su misión. Era imposible cubrir en los entrenamientos la interminable multitud de posibles escenarios que podían darse en el vuelo, por lo que ese era uno de esos momentos en los que su conocimiento de los sistemas, la experiencia y su calma, fraguada a costa de haber enfrentado situaciones de riesgo en su vida como aviadores, eran lo único que podía sacarlos de aquella situación.

En un momento en el que se consiguió que la velocidad angular del conjunto fuera lo suficientemente pequeña, Armstrong desatracó con rapidez para evitar un contacto accidental con el Agena posterior a la separación, esperando que el problema fuera ajeno a su nave; pero, en ese momento, las velocidades angulares volvieron a aumentar decididamente. El problema estaba en la Gemini 8, y ahora el efecto era mayor ya que la masa de la nave por sí sola era bastante inferior a la del conjunto Gemini-Agena.

La tripulación entonces llevó a cabo los procedimientos pertinentes para el análisis de fallos, pero la velocidad angular de la nave aumentaba sin posibilidad de control. En ese momento entraron en el paraguas de comunicación de uno de los barcos fletados que eran parte de la red de comunicaciones y un Scott que apenas podía mantener el hilo de voz a causa de los violentos giros comunicaba “estamos experimentando graves problemas aquí, nos tambaleamos sin parar y hemos desatracado del Agena”; pero, realmente, nadie podía hacer nada por ellos.

Giraban en el espacio a casi una revolución por segundo, cada vez a mayor velocidad, y su violenta rotación en balanceo se acoplaba ahora en los otros ejes; la visión de la tripulación comenzaba a tornarse borrosa y Armstrong debía orientar su cabeza en una manera en la que su visión fuera perturbada lo menos posible. De continuar así durante más tiempo, los dos tripulantes perderían la visión y después la consciencia.

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Neil Armstrong en el interior de la Gemini 8. Fuente: NASA.

Armstrong desactivó entonces los pequeños motores cohete que conformaban el sistema de orientación y maniobra orbital (OAMS, Orbit Attitude and Maneuvering System), alojados en el módulo de servicio adosado a la parte trasera de la nave, y activó los dos sistemas de control de reacción (RCS, Reaction Control System) que portaba la Gemini en su morro. Estos dos sistemas RCS eran uno redundante del otro y su propósito era el de ser utilizado uno de ellos para maniobrar la nave durante la reentrada en la atmósfera. Armstrong activó los dos sistemas para tener inicialmente una mayor autoridad de control gracias a los 16 motores disponibles, pero acabó usando sólo uno de ellos cuando las altas velocidades angulares pudieron ser reducidas.

Una vez que la situación estuvo bajo control, y mientras informaban por radio acerca del desarrollo de los acontecimientos, la tripulación pasó a intentar averiguar el origen del problema. Armstrong activó entonces uno por uno los motores cohete del sistema OAMS que había desactivado hasta descubrir que el propulsor número ocho de ese sistema había fallado en modo encendido a causa, posiblemente, de un cortocircuito. Ahora, una vez que el sistema de control de reacción RCS de la nave había sido activado -y el 75% de su combustible consumido-, las normas de la misión dictaban que Armstrong y Scott deberían regresar a la Tierra en la siguiente oportunidad.

Efectuaron la reentrada en la séptima revolución para amerizar al oeste del Pacífico, donde el destructor USS Leonard Mason los rescató algo más de tres horas después. Durante el incidente, la tripulación exhibió una actitud calmada y un comportamiento analítico que les llevó no solo a controlar la situación sino también a averiguar el origen del problema, algo altamente valorado en su profesión para revisar y tomar las medidas de diseño apropiadas de forma que aquel incidente no volviera a ser experimentado en siguientes vuelos ni en siguientes programas.

En este vídeo se pueden apreciar los violentos giros de la Gemini 8 desde la ventanilla de Armstrong a partir del minuto 5:11. En el 5:19 se ve cómo la Gemini se desengancha de la etapa Agena y se aprecia cómo la nave sigue girando a partir de ahí. El continuo giro de la Gemini se aprecia gracias a los sucesivos cambios de iluminación según la nave varía su orientación con respecto al Sol, y gracias también a alguna pasada esporádica de la Tierra a través de la ventanilla:

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Una respuesta a La emergencia que resolvió Neil Armstrong cuando voló el primer atraque en el espacio
  • Estimado Eduardo

    Un gusto poder saludarte por este medio y quiero felicitarte por tu Blog.

    Tengo interés en contactarte , nuestra Academia esta desarrollando Proyectos Educativos en conjunto con la Agencia Espacial Mexicana y con ISEB NASA .

    Gracias
    Raul Ruiz Moreno
    CEO
    Academia de Aeronáutica y Ciencias del Espacio Daedalus SA de CV
    MMGL/GDL

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